domingo, 19 de febrero de 2012

"La Promesa a los Dioses Solitarios"

“La Promesa a los Dioses Solitarios”
Hace el suficiente tiempo para no ser recordado, en algún lugar del mundo, existía una linda y pequeña ciudad, donde sus casas tenían hermosos diseños y con solo mirarlas te daban la impresión de ser sumamente acogedoras.
Si ibas paseando por la calle y prestabas la suficiente atención a las tiendas, puestos ambulantes y los diferentes artículos que ahí se vendían, podrías darte cuenta que llevaban grabados de 3 gatos de colores negro, blanco y café.
Cuando me paraba a admirar esas mismas figuras en la mayoría de las cosas, ya no solo en las cosas que vendían sino también debajo de los números de las puertas podía encontrarse uno de los gatos o en las manijas de las puertas, escuchaba a veces expresiones como “¡Por nuestro Gato Sihra!” ó “El Segundo Gato me escuchó y me ayudo…”.
Sentía una extraña curiosidad por esa ciudad desde un principio y cada vez crecía más conforme pasaba el tiempo en sus calles. Cuando concluí que lo primero que tendría que investigar de ella serían esos tan mencionados Gatos, decidí empezar por las gentes, pero al irles preguntando recibía respuestas como:
-“En realidad no se mucho de ellos, solo podría decirle que nuestro primer Dios fue el Gato Raphael, el Gato de la fuerza. Es este de color negro.”
-“¿Qué porque gatos? Porque son misteriosos ¿no? Son tres en total. Mi favorito es el segundo, Mikhael, el gato de la enfermedad. Yo le rece para que curara a mi niña y me lo cumplió.”
-“No me pregunte sobre su historia, pero le tendría que decir que para mí el más importante es Sihra, que representa la serenidad y su pelaje es tan blanco como la nieve, me han dicho.”
Ante estas respuestas se me estaba formando una idea sobre esta ciudad que ya había tenido sobre otras. Aún cuando era tan pequeña como un pueblo pero tan rica como una ciudad, aún cuando estaba en mejores condiciones que muchos lugares que había visitado hasta ese entonces, era en realidad muy pobre…
 -Querida, no entiendo porque se sigue desgastando en busca de esas figurillas. La única tienda que las vendía cerró porque ya no son necesarias.
-¡Claro que son necesarias! Y si ya no hay yo misma las hare.
De una tienda que decía “Antigüedades” salían dos mujeres ya entrada en sus años dorados. La más flaca y delgada miraba preocupada a una que caminaba encorvada y con bastón que parecía bastante enfadada. Antes de que pudieran alejarse mucho la mujer del bastón comenzó a toser fuertemente y cayó de rodillas contra el suelo. Su bolso salió volando hasta medio metro de mí.
-¡Ángela! –su compañera se arrodillo con algo de esfuerzo junto a ella y empezó a darles suaves palmaditas en la espalda mientras buscaba algo con la mirada.
-¡Oh, señor! –dijo mirándome- ¿podría pasarme ese bolso?
La gente comenzaba a rodear a las dos ancianas algo preocupadas, cuchicheaban si no sería bueno llamar al hospital. Yo hice lo que me pidió y me arrodille al otro lado de la anciana.
-Estoy bien Verónica. –trato de pararse pero aun seguía temblando y le costaba un poco respirar. –Si no las puedo encontrar, hare mis figurillas pero todavía necesito seguir buscando.
Tomo de la bolsa una botella de agua y unas pastillas. Saco dos y con un trago se las paso.
-Ya estoy mejor, sigamos. –pudo pararse pero otra vez comenzó a toser. La gente comenzó a dispersarse, algunas con la misma mirada que la tal Verónica. Hubiera sido lo adecuado también alejarme, pero mi instinto de viajero me dijo que me quedara.
-No Ángela. Ahora volveremos a tu casa. Si necesitas algo yo saldré y los comprare por ti.
-No podrás. No son fáciles de encontrar, no se venden en estas tiendas inútiles. –lanzó una mirada a la tienda de la cual había salida hace un rato.- Necesitas ir a lugares específicos de las afueras de la ciudad. No son lugares a los que tú puedas o quieras ir.
-¿Y la jovencita va a poder ir? En estos momentos eres la persona más anciana de la ciudad, y no duraras si sigues comportándote como si tuvieras 20 años menos.
-Disculpe, ¿pero usted es la persona más anciana de este lugar? –pregunte al ver mi oportunidad.
Ambas señoras me miraron como si no hubieran notado que todavía estaba aquí, y al parecer no lo creían porque me miraron confundidas. Cada vez este lugar me parecía más triste porque podía ver al resto de la gente y la razón de su perplejidad. Después de que se paró la señora nadie les volvió a prestar atención.
-Sí, tengo 97 años y mi nombre es Ángela, y soy la única verdadera aldeana de este lugar. –casi gritando a quien pudiera esas palabras. –solo algunos se voltearon para mirarla de una forma no muy amable.
-Si yo fuera por aquello que le falta, ¿usted estaría dispuesta a responder a mis preguntas sobre el lugar?
Me volvieron a mirar confundidas, pero Ángela casi inmediatamente cambió de postura.
-Si puede prometerme que me las conseguirá antes de las 12:00 de mañana, puedo respondérselas hoy mismo. No hay nada acerca de este pueblo que yo no conozca, prácticamente lo he visto crecer. Fue mi tatarabuelo el que fundó este lugar.
-Soy un viajero honrado, le doy mi palabra. –tome su mano libre y la estreche entre las mías.
Nos encaminamos hacia su hogar. Podía sentir como Verónica seguía mirándome desconfiada. A primera vista este parecía una ciudad en crecimiento bastante calmada y podrían describirla hasta perfecta, pero aquel que se dé el tiempo de conocerla podrá ver que ha perdido cosas muy importantes para poder tener un futuro.
Viaje por las calles y al entrar en la más concurrida de todas, un montón de vendedores me abordaron y podía distinguir unas pocas preguntas que consistían de donde venia, si quería comprar esto o el otro, si venía con mas personas, que objetos traía de mis viajes, que había visto en ellos. Mas la curiosidad de ellos y la mía no era la misma. Yo solo quería descubrir y ver, y podía saber con mirarlos que  ellos querían “robar” los avances que han tenido otros lugares.
-Ven, rápido. –Ángela, aunque había parecido tan frágil hace unos momentos, me tomo firmemente del brazo y me arrastro con gran fuerza hacia un callejón, librándome de todos los mercaderes.
-¿Dónde quedo Verónica?-pregunte al verla únicamente a ella.
-Se marchó. Hace décadas que no pisa mi casa. –estaba enfadada, y casi podía jurar que sus ojos dirían la tristeza que ella no quería admitir si los hubiera podido ver.
No pregunte el porqué ya que presentía que lo sabría en cuanto la viera. Y si que tuve razón.
Su casa estaba muy destartalada, en medio de todo ese callejón, con grandes edificios a ambos lados, uno era un hotel que tenía un balcón que se alzaba exactamente sobre ella y cubría todo el techo. No parecía ser coincidencia. Ocultaron todo lo que pudieron la casa.
-No sabes las molestias que me causaron con el ruido de todas las construcciones ¡y cuando pusieron el balcón! Creían que me mudaría entre más problemas causaran ¡pero no! No dejare que destruyan este monumento histórico.
Golpeaba mas fuerte con su bastón entre mas era su enfado y al volver a observar el estado rustico de su casa adivine que era verdaderamente un monumento histórico. Debía de ser de las primeras casas que hicieron, totalmente diferentes a todo lo demás.
Pasamos sin nada más y el estado era aun más pobre gracias a la eterna oscuridad y frío a la cual la habían condenado a esa pobre casa. Prendió una lámpara de aceite y se paseo por la casa prendiendo las luces y me pregunte porque si tenía luz eléctrica tenía una lámpara así.
Me senté en el sillón que estaba justamente enfrente de la chimenea. Debía de tener muy pocas oportunidades para prenderla con el balcón justo encima…
-¿Y? ¿Qué quiere preguntarme exactamente? –despegue mi vista de la chimenea y me sorprendió verla parada al lado de esta.
-Bueno, primero déjeme presentarme. Mi nombre es Zacarías. Viajo por distintos pueblos escribiendo sus historias y costumbres.
Me miro fijamente, sin dejar que su mirada reflejara algo de aquello que pensaba.
Supongo que habrá notado la crisis que existe en este pueblo. –me dijo con un tono melancólico que me dejo claro que ella pensaba igual que yo de lo que pasaba en este pueblo.
-Ah, sí. He notado que al parecer “Los 3 Gatos” son muy mencionados e importantes aquí, pero nadie me puede decir porque o quienes son exactamente. Pareciera como si siempre hubiera sido así, y no me lo puedo explicar.
La anciana se me quedo viendo muy seria y se sentó a mi lado todavía sin quitarme la vista de encima. Camino hacia su bolso y volvió a tomarse un par de pastillas, para después volver y sentarse a mi lado.
-Estaré abusando de ti, al pedirte buscar las cosas que aun me faltan, y
Todavía pidiendo tu ayuda a una tarea que yo debería ser capaz de cumplir por mí misma.
-Usted no se preocupe, yo estoy acostumbrado a viajar y será todo un placer para mí.
-No me queda mucho tiempo, ya tengo 97 años. Soy vieja, algo que esta ciudad detesta, un recuerdo del pasado. “Los 3 Gatos” son un milagro que se les oiga en esta villa urgente por llegar al futuro, pero como ya ves se han olvidado de lo más importante y los han convertido casi en una estampilla y nada más. Ahora, lo que quiero pedirte es que lo que estoy a punto de contarte lo cuentes allá afuera. No quiero que lo olviden, pero ya no puedo hacer nada por este lugar, así que por lo menos quiero que lo conozcan otras gentes que también lo cuenten y no se pierda.
-Sera todo un placer. –dije acomodándome en el sillón y mirando sus opacos y tristes ojos.


Mientras no estoy, entretenganse con uno de mis cuentos ya escritos... de Akane.

1 comentario:

Aria loveless dijo...

eres muy buena escribiendo y buscando imágenes me encantan solo pasaba por aki

"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"

"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"
"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"... son un reflejo de nuestra alma, manera de expresarse como uno mismo siendo otro. Al principio no puedes tener muy en claro a donde llegara o en que se convertira, pero siempre serás consciente de que es lo que en realidad quieres.

Canción de la semana!¡... Kagamine Len - SuperHero

"Egoísta...

"Egoísta...
Cuando no piensas en el futuro, cuando no piensas en el presente, ni te importa el pasado… eso es ser egoísta. Ni siquiera en ti mismo llegas a pensar, no importa lo que pase, solo las acciones ya ni siquiera a veces. El seguir adelante como si nada pasara, ignorando aun tu propio dolor o tratar de cambiarlo por satisfacción… Sentir pena por ti mismo, quedarte callado o inmóvil… ser egoísta es doloroso, pero eso no importa…No importa nada cuando eres egoísta…"