jueves, 27 de octubre de 2011

Alter Ego (8)

Octavo Capítulo-. La heladería...

  Una vez más estaba corriendo.
  Corría para tratar de apagar esa flama dentro de mí que seguramente había lastimado a mi madre y a mi tía, ambas tan buenas personas... y dejándome a mí como una ingrata.
  No lograba distinguir muy bien el camino, estaba llorando, pero cada vez que caía me volvía a levantar, solo para volver a correr... a huir. ¿Entonces de que servía levantarme? Sería más fácil quedarme en el suelo, no me dolerían las rodillas ni me faltaría el aliento.
  Pero no soportaba quedarme sin hacer nada. Sentía siempre que alguien estaba detrás de mí. ¿Sería acaso Mariko? No. A esto le tenía miedo, pero a ella nunca le tuve miedo.
  ¿Entonces que era aquello que me impulsaba a correr, a correr tanto que en lugar de avanzar, a huir?
"Hadita"
  Me detuve bruscamente buscando a la persona que hubiera dicho eso. Pero todos continuaban con sus vidas sin prestarme la mínima atención.
  Ahora que había parado la carrera pudo prestar atención a lo que me rodeaba. Había una amplia calle a mi izquierda y cruzandola una heladería "La Coyoacana". Saqué la bolsita de dinero que llevaba colgada al cuello siempre y revise que tuviera el dinero suficiente. Ayer ya había gastado el dinero para una comida, pero quería consentirme por un día.
  De todos modos, no comer era un sufrimiento mínimo comparado con los sucesos de los últimos días.
  Me sacudí el uniforme lo mejor que pude, me acomode mi cabello para que se viera menos enmarañado y me cargue la mochila al hombro mientras me dirigía hacia el establecimiento.
  En el solo estaba un chico de veintitantos de cabello rizado y color café oscuro, que estaba limando viendo un programa de la televisión que colgaba de una las esquinas del lugar. Me dio la bienvenida con una gran sonrisa y yo traté de corresponderle, pero sentía como si los músculos de mi cara estuvieran petrificados.
  -¿Qué quieres?
  -Una copa doble de chocolate y vainilla, con salsa de chocolate y chispas igual.
  -Serían 45$.
  Puse mi único billete de 50 en el mostrador y me devolvió mi cambio mientras comenzaba a prepararlo.
  Me fui a sentar en una de esas mesas que van a juego con unas sillas de tres patas y exageradamente altas que nunca me han agradado. Por fortuna ya había crecido lo suficiente para poder subir sin casi nada de problemas, hasta hace solo un año necesitaba que me sujetaran de la mano para subir.
  El chico me entregó mi pedido en poco tiempo y una cucharita indicada para comerlo, también muy alargada. Esa si tenía sentido.
  Me dedique a observar el lugar mientras disfrutaba de mi postre.
  Era un pequeño establecimiento sin paredes del lado que da a la calle. Tenía dos mostradores, uno en forma de "L" que guardaba las nieves y las paletas, y otro más pequeño para cosas como nachos, bebidas, pasteles, sándwiches, yogures, etc. Afuera del lugar había juegos para montarse en forma de diferentes autos y animales. También vendían bebidas de frutas de diferentes sabores y mezclas de estas.
  En el lugar predominaba el color naranja y amarillo.
  Me gustaba la tienda, pero me hubiera gustado más si tuviera sus paredes. Era fresca y al no haber gente, silenciosa. Excepto por la televisión, pero evitaba el silencio incomodo mientras el joven se encontraba aquí.
  -Hey, ¿puedo preguntarte algo? -no me dio buena espina su tono informal, pero asentí sin decir nada- ¿Ese es el uniforme de la escuela "Monserrat de la Cruz"?
  -Sí...
  -¿Te escapaste de clase o algo por el estilo? -su tono serio y la mirada que me dirigía me confundieron todavía más. Temía que decirle algo equivocado me causara un regaño de su parte.
  -No me escape... solo me sentía mal y me recogieron.
  -¿Donde esta tu papá o mamá? -se inclino sobre el mueble que nos separaba y yo me acomode en mi silla para dejar de mirarlo de lado.
  -Ella... está muy ocupada, así que solo me dejó y se fue otra vez a su trabajo.
  -Uhmm.
  Todavía me miraba fijamente y entre más lo hacía una cara extrañada se iba reflejando con mayor claridad. Yo solo seguí comiendo pero me ponía muy nerviosa.
  -¿Qué es lo que habrá pasado?
  Tosí ruidosamente de la sorpresa, pero caí en la cuenta de que se dirigía a si mismo. Es que la frase había sonado demasiado parecida a lo que me preguntaban antes tan a menudo.
  Me miró con curiosidad y salió de detrás del mostrador para venir y sentarse conmigo. Me ofreció mi servilleta para limpiarme y yo la acepté sonriendo levemente.
  -Hey, ¿qué pasó realmente?
  -¿De qué habla?
  -Tienes el uniforme sucio, las manos muy maltratadas y el cabello revuelto, aparte de las rodillas raspadas -me sonrojé ante toda observación y trate de arreglar todo, pero obvio me era imposible-. ¿Te molestan en el colegio?
  -No... no es eso. -me deprimí ante la idea de mis compañeros, ante la idea de la escuela.
  -¿Te ignoran? -ladeo la cabeza para poder ver mi rostro. En su rostro no había señales de sentir pena por mí, pero su preocupación.
  -Pero... yo no quiero que me hagan caso. -expliqué.
  -Aún así, tampoco deseas ser ignorada.
  -¡Deseo que la gente deje de interpretar mis palabras al pie de la letra!
  Sentí como si mi cabeza de repente me pesara más de lo normal y crucé los brazos para enterrarme en ellos.
  El silencio se apoderó del lugar. No me di cuenta de que había apagado la televisión desde hace un rato.
  -Esto es inútil, no hay tiempo suficiente. -murmuró.
  Lo miré mientras se paraba de su asiento y me daba la espalda claramente frustrada. Lo molesté. De alguna manera eso me ponía muy triste.
  -Lo siento... -¿pero por qué pedía disculpas?
  -¡Ah! No lo decía por ti, no te sientas mal. Comencé a pensar que este trabajo me era inútil ya que no me da el dinero que necesito.
  Un impulso me hizo dejar en la mesa el dinero que quedaba en mi monedero, más de lo que costoba el helado. Claro, no lo soporte y tome la mitad. Aun así, esa no era propina normal para alguien que no hacía mucho en gran parte del día.
  -¡No quería decir eso, no necesitas dejar tanto! En realidad aquí no se da propina.
  -Lo sé... yo lo sé pero... no quiero que te vayas. -mi comportamiento hasta podía llegar a parecer una broma y temí que se enfadara conmigo porque creyera que le estaba tomando el pelo.
  -Confías muy rápido en la gente ¿sabías? -Se apoyaba en el mostrados con uno de sus codos y la mejilla sobre su palma, pero me sonrió y revolvió mi cabello- ¡Pero eso me alegra mucho! Te prometo... te juró que encontrarás lo que buscas para seguir adelante -entonces tomo mis manos y acaricio las palmas, las mas dañadas -, y entonces verás que tienes manos lo suficientemente fuertes para escalar cualquier pared que te encuentres.
  -¿Y si mis piernas fallan?
  -Detrás de ti tendrán a personas muy valiosas dispuestas a ayudarte a continuar.
  Quise preguntarle si él estaría dispuesta a ser una de esas personas, pero no tuve el valor.
  -¿Cuál es su nombre? -cuándo vi que se lo pensaba le solté- ¡No me mienta!
  Solo río y tal vez los recuerdos me confundan, pero juraría que escuche entre las risas su nombre.
  "Darío"
  Antes de que pasará algo más, salí corriendo de ahí con renovadas energías, porque sentí que si corría en ese momento no estaría escapando, correría para avanzar finalmente. Antes de alejarme lo suficiente para que no me pudiera oír le grité un "¡Gracias!" mientras el me despedía agitando la mano, yo sin ver su sonrisa pero sabiendo que estaba ahí, como si entendiera porque corría.

  Quería verlo. Tenía muchas ganas de verlo en ese momento. El haber conocido a Darío me hizo sentir muchas ganas de querer ver a Tristán. El reloj en la pared de la heladería mostró que eran más de la una, no faltaba mucho para que saliera.

  -Disculpe, ¿cómo llegó a mi escuela desde aquí?
  -Vaya, eso sí no me lo esperaba, ¿que no venías de allá?
  -Hmm... no exactamente.
  -Solo tienes que seguir derecho. La escuela está un par de cuadras lejos, sí, ubicada en la calle antes del cruce donde siempre hay atascos.
  -¿En serio? ¡Muchas gracias!
  Podía saber perfectamente a que calle se refería porque muchas veces pase por ahí en mis trabajos. En esa calle no solo había mucho tráfico de gente, también de automóviles. Si caminamos desde mi escuela puedes ver que en un principio van dos carriles en el mismo sentido, pero en ese punto la calle continúa, aunque se hace algo más grande y se divide en dos porque en el lado contrario ahora es doble sentido para ir hacia una desviación que les permite a nuestro carril regresarse y a los del otro continuar. Aparte, de hay surgen otras dos que vienen en horizontal y para acabarla de armar, hay una parada de microbuses a la derecha.
  Ese lugar siempre está atestado de gente porque tiene un restaurante familiar, nuestra escuela, el metro, un centro de papelería y si caminas un poco más un centro comercial. Y aunque ya no estén tan cerca, todavía mas adelante hay varias distribuidoras. Por supuesto, los puestos y las tiendas conocen cuanta clientela se puede atrapar, por eso no hay muchas casas más que detrás de todos los lugares.
  Es demasiado relajo, hay decenas de tiendas y miles de gente pasan todos los días. Ni siquiera en la noche se calma totalmente, y si es quincena puedes oír todo el día los cláxones de los autos.
  Nunca había vivido en un lugar como este. Por supuesto eran ciudades, pero no tan cerca de un lugar tan atestado. La casa de mi tía se ubicaba algo apartada por lo que era más tranquilo, pero yo vivía en unos departamentos demasiado cerca para mi gusto de todo esto, pero me ofrecía mayor empleo y comodidad para asistir a la escuela, cuándo llegara a hacerlo, claro.
  Nunca había ido de la casa de mi tía a la escuela caminando, me sorprendí a mi misma cuando pensé en la suerte que tenía o en mi instinto de orientación... No sabía cual de los dos era menos arrogante.
  Me relaje al familiarizarme con las tienes y los edificios y bajé el ritmo de mi carrera. No sabía la hora, pero ver una cierta cantidad de señoras me hizo pensar que ya no debía faltar mucho para la salida.
  Por lo menos la primera semana de clases siempre tiene a muchas mamás yendo por sus hijos a la escuela y llevándolos. Algunas se voltearon a mirarme y temí que me reconocieran o dijeran algo sobre mi apariencia algo maltratada, o simplemente que me llamaran la atención por no estar en clases.
  Ahora me arrepentía en serio de no haberme cambiado antes de ir, pero no deseaba perder la oportunidad de verlo en mi estado de ánimo actual, quien sabe cuando podría volver a tener tanta energía y hasta coraje. Ya notaba como comenzaba a disminuir al irme acercando.
  Y ahí estaba, frente a la puerta.
  El edificio escolar se encontraba en medio de la calle, con una papelería enfrente, un café internet, pequeños restaurantes, una tienda de discos piratas, ya se habían colocado los puestos de los vendedores de comida y aguas baratas. Los papás estaban platicando entre ellos y yo claramente resaltaba, pero estaba bien... todo estaba bien.
  Cuando la puerta se abrió solo unos pocos alumnos salieron al principio. Algunos me miraron, otros no. Mi corazón parecía doler y volví a respirar tratándome de tranquilizar. Pero estar frente a frente con el "enemigo" no era mi fuerte, así que me fui frente al café internet que estaba flanqueado por dos arboles altos y frondosos. Me recargue en uno de ellos y más gente comenzó a salir. Cuando voltee crucé miradas con la persona que menos deseaba ver: Mica.


La imaginación es tan vasta como el cielo... Akane Ariasu Argelia.

1 comentario:

Mito dijo...

hehe tan mal estoy en el uso de este blog que no sabia donde estaba estaba tdo el alterego y crei que aun no lo habías subido pero como vez ya lo encontre leo y te aviso...
pero desde ya te digo que debe estar increíblemente.

"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"

"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"
"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"... son un reflejo de nuestra alma, manera de expresarse como uno mismo siendo otro. Al principio no puedes tener muy en claro a donde llegara o en que se convertira, pero siempre serás consciente de que es lo que en realidad quieres.

Canción de la semana!¡... Kagamine Len - SuperHero

"Egoísta...

"Egoísta...
Cuando no piensas en el futuro, cuando no piensas en el presente, ni te importa el pasado… eso es ser egoísta. Ni siquiera en ti mismo llegas a pensar, no importa lo que pase, solo las acciones ya ni siquiera a veces. El seguir adelante como si nada pasara, ignorando aun tu propio dolor o tratar de cambiarlo por satisfacción… Sentir pena por ti mismo, quedarte callado o inmóvil… ser egoísta es doloroso, pero eso no importa…No importa nada cuando eres egoísta…"