miércoles, 26 de octubre de 2011

Alter Ego (7)

Séptimo capítulo-. La mayor tonta del mundo...

  De alguna forma, Tristán había logrado disipar todas mis dudas y mi mente se pudo calmar. Ya no sentía la necesidad de llorar y me encontraba más calmada respecto a Mariko. Si había desaparecido o no definitivamente, no había nada que yo pudiera hacer, pero sí podía recordarla y que lo único que quería para mí era que pudiera vivir bien, feliz.
  Tenía que hacer frente a todos mis problemas, a todas mis mentiras y a los verdaderos conflictos que me acosaban, tal vez hasta asistir a un psicólogo. Yo sola no tenía la fuerza suficiente para salir adelante y tenía que aceptarlo para a la vez aceptar la ayuda de las personas. En este estado, más que independiente solo lograba preocuparlos más y volverme una molestia sin solución.
  ¡Cuánto trabajo me había costado admitir eso!
  Pero antes que nada... valor. Necesitaba adquirir valor. Para hablarles con honestidad, para enfrentarme a ese miedo inexplicable, para aceptar la ayuda de otros.
  "Aún para las cosas que nos hacen un bien, necesitamos valor para realizarlas o aceptarlas".
  Es algo que nuestros padres normalmente no nos dicen, que no todo lo bueno nos llega de una buena manera.
  La campana sonó y por primera vez me pregunte que hora era. Miré afuera de ese invernadero o lo que fuera para ver si podía encontrar la enfermería. A mi derecha había un edificio de tres plantas con ventanas por las que se alcanzaban a ver alumnos y maestros saliendo del salón y levantándose de sus asientos para platicar en lo que llegaba el siguiente.
  Me puso nerviosa ver tantos chicos. En la primaria, sí, había más, pero eso no significaba que mi temor disminuyera. Al contrario, estar en una nueva división me hacía ver a la gente como si ellas fueran mas criticas, podrían llegar a ser más crueles que un año antes.
  Bueno, en realidad no iba a tener con que comparar, procuraba que me ignoraran siempre. Era más sencillo que enfrentarme a mis dudas siempre.
  Y ahí estaba. Pensando en mi horrible yo sin el menor atisbo de querer cambiar. Solo aceptándolo...
  Agité mi cabeza de un lado para otro tratando de alejar todo rastro de pensamiento, bueno o malo. Debía de conservar la serenidad que me había brindado hace solo un rato Tristán. La iba a necesitar, porque sabía que no me permitirían permanecer en la escuela, y mi tía planeaba actuar como la tutora que se suponía que era.
  Me quede con la mente en blanco, cuando oí pasos por el pasillo y vi aparecer a Tristán de la nada.
  -¡Liliana! -me hizo un gesto con la mano para que me acercara y desde la esquina aparecieron la enfermera y mi tía.
  Me acerque alisándome el cabello nerviosamente. Ahora recordaba haberme escapado sin decirle palabra a ninguna.
  -Perdonen... yo... necesitaba aire fresco, eso es todo. -no me atreví a mirar a ninguno a los ojos, y no sabía si le tenía mas miedo a Tristán o a mi tía, cosa extraña.
  -Esta bien -me rodeó los hombros con su brazo y caminó conmigo de nuevo hacia la enfermería-. Me la puedo llevar, ¿verdad profesora?
  -Sí. Juanito -llamó al señor de la puerta y le nos señalo mientras hablaba -, la señora se llevara a la niña con ella, déjalas pasar.
  Juanito, un hombre calvo de la coronilla, pero erguido y alto, asintió sin más y nos abrió la puerta entre mucho ruido pues era de metal. Mi tía fue por mi mochila mientras yo salía obedientemente.
  Sentí que era descortesía no mirar hacia atrás, así que lo hice. No puedo arrepentirme, pero siento como si debiera tener ese sentimiento. Me despidió agitando la mano y con una gran sonrisa tratando de infundirme ánimos. Sus ojos volvieron a deslumbrarme y su cara me pareció aún mas... linda.
  En cuanto pensé eso supe que mi cara enrojecía y volví la mirada al frente antes de que se diera cuenta.
  No podía, no podía, no podía.
  A la euforia, la alegría, la emoción, el placer de sentirme así, lo seguía un gran miedo y duda capaces de opacar en su mayoría eso. Las palabras de la voz que calaba en mí como agua fría, la misma sensación parecía querer venirse sobre mí, pero luche contra ella con el recuerdo del abrazo de Tristán.
  Era lo único que debía de conservar, no podía permitir más recuerdos como esos.

  El camino a casa fue... incomodo.
  Debía de esperar algo así por supuesto, pero eso no evitó que el echo de que no dijera nada en todo el camino no aumentara mi dolor, el cual era probablemente su propósito. Ni siquiera al llegar a casa me dirigió alguna mirada, me ignoro totalmente.
  Salió del auto así nada más, entró a la casa casi cerrándome la puerta de no ser unicamente porque yo la sostuve. Sentí que no me quería allí, sentí que debía desaparecer si tanto me odiaba. Mi peor temor era causarle alguna molestia, y pensaba que lo había evitado bastante bien hasta hace rato, y ahora la fuerza con la que me golpeaba la realidad era abrumadora.
  Entré sin saber muy bien que hacer, dudando de mi lugar en la casa. No era merecedora de ello en forma alguna.
  Mi tía se sentó en su sofá y prendió una de sus cigarrillos. Odiaba que fumara, pero después de mi error al hablar era obvio que necesitaba algo con que relajarse. Nos quedamos en silencio unos momentos más sin hacer nada más que sumergirnos en nuestros pensamientos. Ella se frotaba la frente tratando de aclarar sus ideas.
  Fue cuando dio un suspiro demostrando que se rendía, cuando me miró por primera vez en todo ese tiempo, y había una decepción reflejada en sus ojos, que creía que me pondría a llorar.
  -¿Qué debo hacer contigo, Lily? No pongas esa cara, respóndeme.
  "¿Cómo quieres que no ponga esta cara cuando todo en lo que creía estaba errado? Nunca entenderías a una loca como yo, aparte"
  -Liliana... No podemos avanzar si no te abres conmigo.
  -Lo siento...
  -No quiero una disculpa -se esforzaba por no gritar, pero no pudo evitar alzar el tono de voz-, quiero respuestas de tu parte. Accedí a dejarte vivir sola porque me dijiste que tu padre también te apoyaba en eso y decidí confiar en ti, pero-
  -¡Eso no es cierto! -mi tía quedó impactada ante mi exclamación y yo me mordí el labio arrepentida, pero no iba a quedarme callada ante su hipocresía- Sabes que eso no es cierto... ¡tú solo accediste para tu beneficio propio! Para que callara tu secreto... tú creíste que lo mejor era que estuviera en otra parte...
  Se paró de su asiento y me plantó una cachetada que casi me derriba. Yo no pude evitar derramar las lágrimas correspondientes, pero no pediría perdón. Estaba bien que fuera la peor persona en esta habitación, pero me bastaba con que yo lo admitiera, no iba a soportar que alguien más alegara pureza mientras me marcaba mis defectos.
  Vi manchas negras en la alfombra que desaparecían en un santiamén. Mi tía lloraba con todavía su mano alzada y una expresión demasiado triste al mirarme. De repente me estrecho entre sus brazos, envolviéndome del olor de su cigarrillo, su calor, mojando mi hombro...
  -¿Crees que no te quiero? Dime Lily... ¿crees que no te queremos aquí?
  "¿Cómo esperas que responda a eso? Es imposible... es imposible admitir eso en voz alta."
  -Siempre estoy muy preocupada por ti -me miró a los ojos limpiándose las lágrimas y sosteniendo mi rostro para que no la evitara.- Me cuesta dormir sabiendo que estás sola en ese pequeño departamento, que podrías estar en peligro y no tener a nadie con quien acudir. No se lo que te pasa, no puedo entenderte, y pensé que si era así... Si esto era así, tal vez lo mejor era permitirte ese deseo, para que no te sintieras forzada y crecieras pudiendo confiar en la gente a tu alrededor por propia voluntad. Pero no cumpliste tu parte del trato.
  Escuchar algo así, fue impactante... Fue tan lindo... Sentía algo cálido en mi pecho que evaporaba las lágrimas y me daba una sensación de ligereza. Algo así como Mariko...
  -No te cuidaste como prometiste que lo harías, no te has alimentado bien y por las marcas en tus manos apuesto a que te has tomado mas de dos trabajos a la semana. -miré mis manos cubierta de curitas y otros rasguños que me hice durante las vacaciones.
  -Estoy bien... -sonreí ante el hecho de que se hubiera dado cuenta.
  -Lo mejor es que vuelvas a la casa. Yo arreglare las cosas con la casera y-
  -Tía -la interrumpí con una alegría y emoción inusual en mí. Si ella me quería en serio... si ella me quería y deseaba entenderme...-, quiero seguir en mi departamento.
  -No necesitas forzarte, ya te dije que me es más preocupante si estás por tu cuenta.
  -Lo sé. Pero he encontrado hace poco un gran apoyo y quisiera seguir intentándolo, esta vez con su ayuda si algo llegara a pasar. ¿Sabes? Es una persona muy amable, todo este tiempo ha celado por mí y quería ayudarme, y ahora que por fin logró comunicarse conmigo...
  -¿Quién es?
  Fue ahí donde cometí mi error.
  Debí de haber dicho que una niña del edificio, pero no lo pensé en ese instante demasiado. La alegría me impidió pensar como de costumbre, nubló mis sentidos y me lanzó a mi propio abismo.
  -Se llama María. Ayer me llamó al celular y aunque en un principio me asusté descubrí que solo velaba porque fuera feliz y sinceramente me ha-
  -Dame el celular. -me ordenó.
  -¿Eh? -mi sonrisa se paralizó en mi rostro cuando mi tía extendió su mano hacia mí.
  -El celular, Liliana.
  Sentí peligro, sentí mucho miedo. Tomé mi celular pero cuando ella planeaba tomarlo yo lo apreté contra mi pecho.
  -¿Qué vas a hacer?
  -Tenemos que entregarla a la policía. -puso una cara de pena, tratando de conectar conmigo, pero el calor que me había entregado y me hacía sentir como en las nubes, se volvió más... apasionado. Era como si un calor rosa pálido se volviera rosa mexicano.
  -No...
  -Entiendo que creas que ella te ha ayudado mucho, pero en realidad su actitud es muy peligrosa.
  -¡No!
  -Lil... hazle caso a tu tía.
  Ese apodo...
  Voltee hacia el pasillo que cruzaba por el baño y la habitación de mi mamá para dar a la cocina, y la vi parada en el marco. Pálida, con el cabello desgreñado, con una manta sobre los hombros y delgada, pero estaba ahí, observándome con sus ojos cafés y preocupados.
  -Mamá...
  -Jennifer, no deberías estar parada. -caminó hasta ella y la sostuvo mientras se sentaba en el sofá de mi tía.
  El terror me había dejado paralizada en mi lugar, sin poder reprimir la culpa que me embargaba. Siempre me sentía culpable cuando veía a mi mamá, la quería tanto pero solo le hacía daño. Y ahora.. volvía a hacer lo mismo.
  -¡P-pero ella no es una persona mala! -dije, con una sonrisa forzada y alzando el rostro hacia ella pero mirando a otro lado.
  -No sabemos sus intenciones, podría ser una acosadora. Si te hiciera algún daño... no quiero ni pensar en el resultado.
  -¿Cómo podría yo tener una acosadora? Más bien repelo a la gente, ajaja. -trataba de pensar en algo convincente, pero me había fregado totalmente.
  -Lil...
  -¡No! ¡Ella es buena! ¡Ella nunca me haría daño!
  -No sabemos sus intenciones, lo mejor es-
  -¡Cállense! ¡María es una gran persona, se que si la conocieran-!
  -¡No puedes dejarte llevar por una palabras bonitas vacías! -se plantó frente a mí y quiso quitarme el celular, pero ella se había atrevido a hablar de esa forma de Mariko...
  -¡Por supuesto que sabes perfectamente lo que son las palabras vacías ¿no es cierto?! ¡Todos en esta familia las conocen! ¡Siempre las han utilizado para dirigirse a mí y para darnos apoyo desde que entramos en crisis! Fingiendo que nos apoyaban y que deseaban ayudarnos, cuando en realidad todo les resultaba una molestia. Nadie nos hubiera dado alojo si mi mamá no hubiera sido hospitalizada, nadie en realidad se interesa en que tenga trabajo.
  -¿Trabajas?
  -Eso lo decidiste, tú. Ya te explique que-
  -¡Sí! Ya lo hiciste, pero si en realidad fueras tan bueno nunca hubieras aceptado en primer lugar. ¡Tus acciones no son tan santas como aparentas, tía! Admítelo de una buena vez, que me estas hartando.
  -Deja de hablarle así a Merari, Lil, esa no eres tú.
  -¡¿Y quién sabe como soy?! Dudo que tú, mamá -me dolía hablarle así, pero habían insultado a la persona más importante para mí en esos momentos-. Ni siquiera pudiste reconocer que algo me había pasado hace 5 años... Si hubieras hecho algo, probablemente yo no estaría así en estos momentos.
  Estaba echando todo a perder. Todo por una maldita alucinación, pero... Ni siquiera el celular, inútil, podía entregarles. Cuando dije esa mentira, convertí al pequeño aparatito en mi última conexión con Mariko, y era lo último que entregaría, por insignificante que fuera.
  Llámenme idiota o -------, no me importa. Se que soy tan incoherente e incomprensible, que mis acciones, mis palabras y mis sentimientos, ninguno de ellos coincide y parece decir la verdad. Yo misma se que estoy perdida, pero no podré encontrarme si ella no está conmigo...
  De eso estoy segura.


La imaginación es tan vasta como el cielo... Akane Ariasu Argelia.

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"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"

"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"
"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"... son un reflejo de nuestra alma, manera de expresarse como uno mismo siendo otro. Al principio no puedes tener muy en claro a donde llegara o en que se convertira, pero siempre serás consciente de que es lo que en realidad quieres.

Canción de la semana!¡... Kagamine Len - SuperHero

"Egoísta...

"Egoísta...
Cuando no piensas en el futuro, cuando no piensas en el presente, ni te importa el pasado… eso es ser egoísta. Ni siquiera en ti mismo llegas a pensar, no importa lo que pase, solo las acciones ya ni siquiera a veces. El seguir adelante como si nada pasara, ignorando aun tu propio dolor o tratar de cambiarlo por satisfacción… Sentir pena por ti mismo, quedarte callado o inmóvil… ser egoísta es doloroso, pero eso no importa…No importa nada cuando eres egoísta…"