sábado, 24 de septiembre de 2011

Alter Ego (6)

Sexto capítulo-. Esa voz conmigo...

  No distinguía nada, ni siquiera el propio suelo. Pero de que era un lugar, era un lugar. Aunque si no sabía que lugar era daba lo mismo, ni siquiera eso podría aliviarme algo, y con aliviarme me refería a dejarme respirar.
  Era tan asfixiante, tan denso, tan pesado... tan desalentador. Yo solo podía pensar en rendirme cuando me encontraba en ese lugar. De todos modos, ni siquiera un camino había.
  Colores o formas eran indistinguibles entre sí. Una increíble masa gris, dentro de eso probablemente me encontraba.
  Estaba bien. No era la nada por lo menos, y si me quedaba ahí, inmóvil, no volvería a molestarme. No tendría que encontrarme con Tristán ni Mica de nuevo y ofrecerles media verdades para calmarlos, no tendría que recordar nada o sentir dolor...
  -Pero entonces no sentirías nada.
  La voz sonó de todas partes envolviéndome.
  -¿Tratas de decir que solo siento dolor? -comencé a responderle sin ninguna emoción en mi voz.
  Nada importaba ahí ya de todos modos, y tal vez me fuera a aburrir mucho en ese lugar. No había salida.
  -No te aburrirás en este lugar por que no lo sentirás. Y no es que no haya salida, es que ni siquiera la has buscado.
  -¿Esto es una habitación?
  -No te diré nada, tú deberías saber donde te encuentras. Es algo que has estado evitando hiriendo a los demás, crees conocerlo muy bien pero al final poco tiempo te has dado para explorarlo en realidad. He aquí la muestra: esta masa de colores opacos, sin principio ni final.
  -No voy a pensar nada. -dije escapando de la realidad.
  -¡Ja! Eso obviamente te es imposible. ¡Solo mírate! Te digo unas pocas palabras y ya te cuesta respirar.
  Me sujete el pecho tratando de calmarme, pero ella seguía alteran dome y en ese lugar eso me quitaba la respiración, como si tuviera asma.
  Era todavía mas desesperante... Y cuanto mas lo pensaba peor se volvía...
  -Basta... yo... yo saldré de...
  -Tú nunca has superado nada, unicamente te has "tragado" ese dolor y seguido adelante. Lo cargas contigo, lo llevas arrastrando como tus cadenas autoimpuestas.
  -Basta... eso es... ¡eso es-! -pero las palabras no salieron.
  Comencé a toser de forma ruidosa tratando de sacar algo que creía tener atorado en la garganta, pero nada salía y me calle, asustada de vomitar por estar forzando eso.
  -Eso es, ni lo intentes. Aquí no puedes mentirte.
  Me puse a llorar mientras la tos no cesaba. La cabeza comenzó a darme vueltas y la voz comenzó a sonar otra vez, pero no entendía nada y parecía deformarse, hasta convertirse en una totalmente diferente...
  "¿Que dice? No, así esta bien. No la escuches, no la escuches..."
¡Eres una egoísta! ¡Te odio, deberías ser tú la que se muriera!
  -¡¡Nooo!!
  Creí caer de rodillas, pero de repente me había dado un golpe con algo en la frente.
  -Auch...-me toque donde sentía dolor y la cabeza se me despejo.
  -¡Lily!
  -¡Liliana!
  -¡Oh, vaya! Que golpe señorita.
  Mire a mi alrededor, al espacio reducido en el que me encontraba. Era una pequeña oficina con adornos baratos, un escritorio y estantes alrededor. Hasta hace unos momentos estaba recostada en una camilla con papel encima. Una repisa se encontraba justo frente a mis ojos, la culpable.
  -¿Don... donde estoy?
  -¡Lily! Por dios, estaba tan preocupada. -ni siquiera había notado a mi tía en la habitación. En realidad a nadie.
  -Tía ¿que haces... aquí? -estaba a punto de empezar a hacer preguntas, pero me quede muda cuando vi a ese chico en un rincón de la oficina.
  Nuestras miradas se cruzaron y yo desvié la mía hacia mi tía, que todavía no me soltaba.
  -Cuando oí que te habías desmayado salí corriendo de la oficina. Pensé... pensé que tal vez... Ay, Liliana, no me asustes así -se separo de mí pero todavía me sujetaba por los hombros, gracias a dios porque sentí que quería escapar-. No has estado comiendo bien ¿verdad? Es por eso que yo no quería... Lily...
  Que lista. Era mejor no mencionarlo.
  -Perdona.
  -Supongo que entenderás la razón mejor que nosotros, pero te desmayaste por estrés y mala alimentación. La secundaria no es nada por lo que preocuparte tanto, estoy segura que la disfrutaras, tienes grandes amigos acompañándote.
  -¿Eh?
  La enfermera solo sonrió. Debía estar en sus cuarenta y tantos, con sus arrugas alrededor de los ojos y la boca. La único que la marcaba como enfermera era su bata blanca. Llevaba traje informal debajo y el cabello recogido en una cola de caballo.
  Señalo con una gesto de la cabeza hacia Tristán y sentí que quiso decir otra cosa que amigos, pero no pude entender como llegó a esa conclusión. Tanto como no entendía el porque él estaba aquí.
  "No, recuerda que es un buen chico. De seguro solo estaba preocupado, me desmaye delante de él después de todo."
   -Tía, perdóname por haberte preocupado. Solo me he sentido con nauseas estos últimos días y no quería preocuparte, así que no te dije que no estaba comiendo. De seguro es como lo dijo maestra. Los nervios.
  Puse mi mejor sonrisa relajada y baje de la camilla, tardándome un segundo de más en soltarme de esta porque la cabeza todavía me daba algo de vueltas.
  -Puedes quedarte un rato mas recostada si quieres.
  -No se preocupe. Lo mejor es que me vaya a mi salón. No asistí el primer día de clases y hoy llegó tarde... no creo que sea lo mejor.
  -¿Eh? Liliana ¿no viniste ayer?
  Ups.
  Por el rabillo del ojo vi a la enfermera posar su vista en nosotras extrañada y casi pude sentir también a Tristán observándonos.
  -Si... - en realidad no estaba preocupada por mi tía, ella conocía toda mi historia. Me preocupaba más la impresión que estaba dejando ella como tutora mía si no estaba enterada de mis faltas. Los adultos llegaban a resultar muy injustos.
  -Lo siento tía. Pero estaba mareada ayer y después de que te fuiste a tu trabajo regrese a la casa a descansar. Fue lo mismo que no comer, no quería que te preocuparas. No te angusties... por favor.
  "No te enfades", era lo que en realidad quería decir. Pude ver como se ponía muy seria y me miraba furiosa. De seguro se estaba arrepintiendo de haber cooperado conmigo, fuera cual fuera el chantaje. No solo no cumplí mi promesa de cuidarme, me escapaba de la escuela.
  "Estoy en peligro, ¿verdad, Mariko?"
  .....
  ........
  ...........
  Nada.
  ¿Qué?
  Nada.
  Así era. No había nada. No escuchaba nada.
  Nada...
  Comencé a mirar a mi alrededor, observando todas las caras de los presentes, como si los viera por primera vez en mucho tiempo.
  Mi tía estaba sentada en una silla al lado de la camilla, con unos cuantos cabellos sueltos de su chongo, su traje arrugado y su maquillaje algo corrido. Sus ojos eran cafés.
  La enfermera me miraba triste pero seria, su cabello negro y opaco. Ojos también cafés.
  Y Tristán.
  Había evitado observarlo, prestarle atención, todo este tiempo por miedo a que me volviera a pedir explicaciones, aunque fuera con la mirada. Y había hecho bien. Él solo logro meterme terror, ese que hace mucho tiempo no había sentido porque decidí que era un estorbo: el terror de la culpa.
  Sus ojos todavía eran brillantes, pero no era su brillo usual. Para nada. Era como el brillo de una lágrima. En su mirada se reflejaba la culpa que sentía, y me sentía horrible por ponerle ese rostro tan triste.
  Era inocente, y yo lo estaba haciendo sufrir.
  La quise más que nunca. La necesite más que nunca. ¡¿Pero ahora dónde estaba?!
  ¡Mariko!

  -Perdóname...
  Salí sin decírselo a nadie en especifico, queriendo abarcar mas de lo que para en ese momento me encontraba preparada.
  Un nudo en mi garganta detenía mis lágrimas y me negaba hasta cierto punto a aceptar el pensamiento que me acosaba.
  "No es eso, no es eso... Solo esta enfadada, solo esta enfadada. Sigues aquí. Sigues aquí ¿verdad... Mariko?" 
  Pero no hubo la más mínima respuesta.
  Seguí caminando sin saber a donde me dirigía. Solo repetía su nombre de forma incesante, casi oyendo el eco de ese pensamiento.
  Y tuve que admitirlo. ¿Para que negarlo? Se suponía que debía de ser lo mejor. Ella era solo una enfermedad, una alucinación y por fin se había ido. Era algo bueno, era algo para sonreír, entonces... ¿por qué estaba llorando de forma tan irremediable?
  Me acuclille en el suelo y por fin fui consciente de a donde había terminado parando. Era como un jardín con mucha vegetación y tenía un camino que iba de la reja de la entrada al fondo donde estaba un gallinero.
   Era un lugar pequeño, oscuro y con ojos normales bastante deprimente, pero para mí fue... para mí era tan relajante.
  Me encantaba la naturaleza, por eso odiaba la ciudad. Si alzaba la vista al cielo, aunque fuera una vista que me agradara, era interrumpida por cables y postes de luz. Y durante la noche no había muchas estrellas, más bien yo creía que aquellas que veía no eran reales... No me gustaba la ciudad, pero no tenía otra opción...
  Estar ahí era como un mundo aparte, y mi cabeza se calmó, pero todavía me sentía solitaria...
  "Ella... tal vez nunca existió. Digo, nunca fue real. Eso era es obvio pero todavía me aferré a eso y dejé que entrara de forma emocional. Entiendo que fui una tonta, lo entiendo pero... ¡eso es lo más me frustra!
  >¡No quiero reconocerlo! Es tan doloroso saberlo y aun así seguir en el mismo plan... te vuelve aun más tonto que no enterarte de nada... te vuelve todavía más patética..."
  Mariko...
  -¿Liliana?
  Oí como la reja se abría a mis espaldas y procure limpiarme las lágrimas lo mejor posible, pero no quería mirarlo porque estaba segura que se daría cuenta de que había llorado otra vez, y ahora lo último que quería hacer era ponerme de sentimental.
  -Perdón por haber salido así...
  -Esta bien, vi que no te sentías muy cómoda. Pero se están comenzando a preocupar, así que, si vuelves...
  Su tono me resulto muy extraño. Como desganado... no, no era así. Pero si quería saber tenía que mirarlo y eso...
  -Tristán...
  Pero ni siquiera sabía que decirle. Todo estaba resultado ser tan extraño...
  -Perdón.
  -¿Eh? -me di vuelta al escucharlo, confundida-, ¿por... por qué?
  -¿Cómo que por qué? Si no hubiera sido por mí no te hubieras desmayado. Traté de meterme en asuntos que no me incumben y te estuve molestando estos dos días, y yo ya pensaba que no te veías muy bien. He sido muy egoísta. Lo siento, Liliana, yo-
  -¡¡Basta!! -me erguí tapándome los oídos sin querer oír ni una palabra más. Cerrando los ojos para dejar de ver su rostro lleno de sincero arrepentimiento y culpabilidad.
  Era una persona tan cruel...
  -¡Por favor! -no quise llorar, pero los sentimientos me desbordaron de tal manera que estoy segura sw ninguna forma hubiera podido evitarlo -. Por favor no hagas eso. Todo... todo es mi culpa.
  -Liliana, eso ni siquiera es posible. -trató de protegerme, pero yo solo lo vi, sin poder dejarlo así.
  -Si yo no fuera una mentirosa, si yo tan solo dejara de ser tan egoísta, ¡esto nunca habría pasado!
  Siempre pensaba solo en mí, en lo que me era más cómodo y beneficioso, sin importarme cómo se sentían los demás. Si no hubiera sido tan orgullosa y tan solo me hubiera ido a vivir con algún familiar, todo estaría mejor. Pero tenía tanto miedo... y al final, solo al final, descubrí que yo no podía escapar de esas palabras...
¡Eres una egoísta! ¡Te odio, deberías ser tú la que se muriera!
   -¡Ahh-! -la cabeza comenzó a dolerme cuándo volví a escuchar esas palabras, pero no fue Tristán quién las pronunció. Eso nunca hubiera podido ser.
  -¿Te sientes mal? Creo que será mejor ir por tu tía o la maestra. -se quiso marchar pero yo lo sujete de la manga mientras presionaba mi cabeza con la otra.
  Si no aclaraba el malentendido ahora, creía que nunca tendría el valor de hacerlo.
  -Nada... nada es tu culpa -lo miré a los ojos para que me creyera-. Tristán, yo... yo en el fondo me sentí muy feliz de que alguien se preocupara así por mí como lo hiciste tú... Pero yo tenía miedo. No sabía como manejarlo... Lo sien... -pensé en eso, pero a media frase la cambie por otra-. Gracias, Tristán.
  Y era un "gracias" sincero, sin querer despistarlo.
  -Liliana... -dio un paso hacia mí y sin previo aviso... me abrazó.
  No pude articular palabra existente. No pude reaccionar y me quede con mis brazos extendidos a ambos de sus costados. Ni siquiera pensé en hacer algo. Solo me quede ahí, impactada.
  Cuando se separó de mí agradecí que todavía me sujetara de hombros porque no había respirado en ese tiempo y todavía no podía hacerlo. Pero se veía tan feliz y es me devolvió parte de mi movilidad. Al menos la suficiente para que diera pequeños respiros por la nariz tratando de que mi cabeza dejara de dar vueltas.
  -Lo siento. Es solo que... -no parecía hallar las palabras para la razón de su comportamiento, pero sospeche que era algo normal en él tener tanto contacto físico con otra persona de diferente género. En realidad, yo creía que la única para quien eso no era normal era a mí.
  Se dio media vuelta mientras yo pensaba en eso y se marchó después de decirme que iría a avisarle a mi tía y a la enfermera de que estaba bien y no se preocuparan.
  Me recargue en la húmeda y sucia pared, dejándome caer al suelo todavía sin poder pensar en algo, ni siquiera algo incoherente.
  Tal vez, él... ¿me había comprendido?


La imaginación es tan vasta como el cielo... Akane Ariasu Argelia.

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"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"

"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"
"La Literatura no es otra cosa que un sueño dirigido"... son un reflejo de nuestra alma, manera de expresarse como uno mismo siendo otro. Al principio no puedes tener muy en claro a donde llegara o en que se convertira, pero siempre serás consciente de que es lo que en realidad quieres.

Canción de la semana!¡... Kagamine Len - SuperHero

"Egoísta...

"Egoísta...
Cuando no piensas en el futuro, cuando no piensas en el presente, ni te importa el pasado… eso es ser egoísta. Ni siquiera en ti mismo llegas a pensar, no importa lo que pase, solo las acciones ya ni siquiera a veces. El seguir adelante como si nada pasara, ignorando aun tu propio dolor o tratar de cambiarlo por satisfacción… Sentir pena por ti mismo, quedarte callado o inmóvil… ser egoísta es doloroso, pero eso no importa…No importa nada cuando eres egoísta…"